Qué ver en Murcia: la ruta a pie de las tres miradas

Qué ver en Murcia: la fachada barroca de la Catedral en la plaza del Cardenal Belluga

La fachada de la Catedral de Murcia parece de una sola pieza, pero no lo es: en ella conviven el gótico, el Renacimiento, el Barroco y el Neoclásico, como si cuatro generaciones hubieran escrito encima de la anterior sin borrar nada. Esa es la primera señal de que Murcia no es una ciudad, sino varias superpuestas. Por eso decidir qué ver en Murcia es en realidad elegir qué capa mirar: en esta ruta a pie por el casco histórico recorremos las que se ven y las que quedaron debajo. Y si te apetece caminarlas jugando, el escape room en Murcia de Escapeo, «Las tres miradas de Murcia», convierte el paseo en un juego de pistas por estos mismos escenarios.

Descubrir la experiencia

Qué ver en Murcia: tres miradas sobre la misma ciudad

El recorrido son unos 2,7 kilómetros por el corazón de la ciudad, de la Glorieta de España al Puente de los Peligros, con diez puntos por el camino. Se hace entero a pie y casi siempre a la sombra.

La Murcia que se ve: la Catedral, el Casino y la plaza

Desde la Glorieta de España se llega en dos minutos a la plaza del Cardenal Belluga, donde la fachada de la Catedral se despliega como un retablo puesto de pie: no está pensada para mirarla de frente, sino para recorrerla con la vista de abajo arriba. A un paso, por la calle Trapería, el Real Casino de Murcia guarda un patio árabe que imita a la Alhambra, un salón de baile de espejos y oro, una biblioteca de aire inglés y un tocador de señoras con el techo pintado. Es un club decimonónico que hoy se visita: la ciudad burguesa mirándose a sí misma.

Salón de baile del Real Casino de Murcia, con espejos dorados, molduras rococó y suelo de parqué taraceado

La Murcia que estuvo antes: alcázares, mezquitas y murallas

Basta rascar un poco para que aparezca la segunda capa. El Conjunto Monumental de San Juan de Dios ocupa el lugar del santuario que Alfonso X dedicó a la Virgen de Gracia, y bajo ese entorno se conservan restos del Alcázar Mayor musulmán. El caso más completo es el Museo-Convento de Santa Clara: fue residencia palaciega andalusí con el nombre de Qasr al-Sagir, después Casa Real cristiana y por fin convento, sin llegar a demolerse en ninguno de los tres cambios. Y bajo la plaza de Santa Catalina hubo una mezquita antes que una iglesia.

Alberca y galería de arcos del patio del Alcázar en el Monasterio de Santa Clara, en Murcia

La Murcia que sigue viva: el Almudí, el Romea y el río

La tercera mirada no está en los sillares, sino en el uso y en lo que se cuenta. El Palacio del Almudí nació como almacén para controlar el trigo; luego fue cuartel de caballerías, después Palacio de Justicia y hoy alberga el Archivo municipal y un centro de arte. La muralla de Verónicas, a cincuenta metros, estuvo oculta durante décadas hasta que volvió a salir a la luz. Y en el Teatro Romea sobrevive la leyenda más murciana de todas: tras varios incendios se extendió la idea de que el teatro ardería tres veces, la última estando lleno, y de ahí viene la costumbre de dejar algunas butacas sin vender.

Qué ver en Murcia: arcos de piedra del Puente de los Peligros sobre el río Segura
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«Las tres miradas de Murcia»: un tour a pie convertido en juego de pistas

«Las tres miradas de Murcia» es una experiencia autoguiada al aire libre que se juega con el móvil mientras caminas por el casco histórico. Kei, el guía virtual de Escapeo, llega a la ciudad creyendo que va a ver monumentos y descubre en la Catedral que ninguno de ellos es una sola cosa. A partir de ahí sigue un rastro que atraviesa diez localizaciones y tres formas de mirar Murcia: la que está a la vista, la que quedó debajo y la que se mantiene viva porque alguien sigue contándola.

El recorrido pide fijarse en fachadas, en detalles que casi nadie mira dos veces y en lo que cuentan los edificios cuando dejas de darlos por supuestos. Lo que ocurre en cada parada no se cuenta aquí, por razones evidentes. Del final sí se puede adelantar una frase: al llegar al Segura, Kei entiende que no ha recorrido una ciudad, sino muchas Murcias a la vez.

Dónde parar a comer sin salirte de la ruta

Entre la parada de Santa Catalina y la del Almudí está la plaza de las Flores, el epicentro del tapeo murciano, con las barras montadas literalmente en las ventanas de los bares. Pide una marinera —una rosquilla con ensaladilla y una anchoa encima— y un zarangollo, que es calabacín, cebolla y huevo de la huerta. Si rematas con un paparajote, aviso para foráneos: la hoja de limonero de dentro no se come. El juego no tiene prisa, así que paras y continúas.

Terrazas con toldos de rayas rojas y blancas a la sombra de los naranjos de la Plaza de las Flores, en Murcia

Cómo funciona y cuánto dura

  • Solo necesitas un móvil con conexión, calzado cómodo y estar en Murcia. No hay que descargar ninguna aplicación.
  • El punto de partida es la Glorieta de España. A partir de ahí, cada localización se activa por geolocalización al llegar.
  • Puedes jugar en solitario o en grupo: si vais en equipo, sincronizáis los móviles al empezar y la puntuación es común.
  • Tras la compra recibes un código de acceso. No hay horarios ni reservas, empiezas cuando quieras y el cupón no caduca.
  • La duración habitual es de entre hora y media y dos horas, sin límite estricto: puedes parar a comer o a hacer fotos y seguir después.

Tres desvíos que el recorrido no señala

En el pilar central del Puente de los Peligros hay una regla de crecidas grabada en la piedra: marca hasta dónde ha llegado el Segura en sus peores días, y sorprende la altura. En la calle Trapería, levanta la vista por encima de los escaparates, donde los rótulos y los miradores cuentan otra época. Y si vienes en verano, cruza al Jardín del Malecón cuando termines: es un paseo elevado sobre la antigua mota del río, y es la mejor sombra de la ciudad.

Un plan para parejas, grupos y murcianos que creen conocer su ciudad

 

Funciona en varios formatos. En pareja, como plan de tarde distinto al de siempre. Con amigos, porque diez paradas dan mucha conversación y es un formato que funciona igual de bien para despedidas de soltera y soltero. En familia, si los peques ya leen solos. Y para murcianos, que es donde más gracia tiene: media ruta pasa por calles que pisan cada día sin levantar la vista. No hace falta haber jugado nunca a nada parecido, ni ser de aquí: hay escape rooms al aire libre en otras ciudades con el mismo planteamiento. Si sigues ruta por el Levante, a poco más de una hora tienes otro paseo con el mismo formato:  escape room en Alicante, del puerto a la Basílica de Santa María.

 

¿Cuál de las tres Murcias vas a ver tú?

La ciudad que se ve está en cualquier guía. La que estuvo antes hay que buscarla debajo. Y la que sigue viva solo aparece si alguien te la cuenta. Caminar el casco histórico con las tres a la vez cambia bastante el paseo: la Catedral deja de ser una fachada y el Almudí deja de ser un edificio bonito. Si quieres recorrerlo así, reserva tu plaza en el escape room en Murcia: Las tres miradas de Murcia.

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Créditos de las imágenes: salón de baile del Real Casino de Murcia, foto de Zandcee. Patio del Alcázar del Monasterio de Santa Clara, foto de Bertobarc90. Ambas de Wikimedia Commons bajo licencia CC BY-SA 4.0, redimensionadas. Plaza de las Flores, fotos de Zarateman (Wikimedia Commons, CC0). Catedral de Murcia, foto de Ana Hidalgo Burgos, y Puente de los Peligros, foto de José Antonio Otegui Auzmendi (ambas de Pexels).

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